Te diré algo claramente…
Cuando una emoción no encuentra palabras, se queda en el cuerpo: como pecho apretado, pensamientos que no paran o noches en las que no logras desconectar.
No necesitas saber dibujar ni tener horas libres. Basta con lápices de colores y entre 5 y 15 minutos. Aquí no se busca arte perfecto, se busca que te des permiso de sentir.
Cada ejercicio te guía paso a paso: colorear, dibujar o escribir, y luego una reflexión y un decreto para llevarte contigo. Eliges el que tu día te pida.
Con la práctica, muchas personas notan la diferencia entre llegar al final del día cargando todo y tener un espacio propio para respirar, ordenar lo que sienten y soltar un poco más.
Es una herramienta de autocuidado y no reemplaza la terapia psicológica.